jueves, 11 de diciembre de 2014

Pisos universitarios: la pesadilla

¡Hola hoooooola! Me ha costado dos meses escapar de la marabunta de exámenes y estrés que me perseguía pero, eh, tranquilos todos que Evs ha vuelto. Y además con un tema que a muchos nos va a resultar familiar (sobre todo si estamos lejos de casa, ejé): El Piso.

Sí, sí. No el piso. El Piso. Mi Piso. Y es que si bien la primera semana ese lugar nos resulta oscuro y tenebroso, conforme pasa el tiempo, acaba mutando en un pequeño ente que muestra lo peor de nosotros. Nuestro caos y desorden. Nuestra pereza. Nuestro 'ya lo haré mañana, si total'. Todo eso, lo tiene El Piso.

Y aquí llegamos a una zona con curvas, así que abróchense los cinturones, que empezamos la aventura.

No todos Los Pisos son iguales. No caigas en ese craso error. Cada Piso es un mundo aparte, un ente mimado, malcriado y/o torturado a su peculiar manera. Sabiendo esto, vamos a caer una vez más en los prototipos, aunque éstos no estén tan reconocidos como los de la anterior entrada. Pero antes de sumergirnos en este universo aparte, tengamos en cuenta los factores clave que ayudan a catalogar los pisos:

  • Orden.
  • Limpieza.

Y sin más dilación, aquí van los diferentes Pisos:
~ Piso de la ruina: si este Piso fuera un sim, sus barritas estarían tan rojas que no tendría fuerzas ni para llorar. El orden y la limpieza son cosas que El Piso ni conoce ni sabe que existen. De hecho, entrar y gritar ¡anarquía! sería tan adecuado como no preguntar si hay vasos limpios. En fin, ya sabes que no va a haber.

Así que si por un casual eres muy escrupuloso, no lo dudes: NO vayas ahí; de verdad, no vayas. Te haces un favor. A ti y a tu salud.

~ Piso confussio: estamos ante el que, posiblemente, es El Piso más extendido por excelencia. Aquí el orden se encuentra en la cuerda floja, por no decir que hace tiempo que lo han enviado a mejor vida. Pero, al menos, la pila de platos, en ocasiones, no está rebosando el fregadero y puedes andar sin temor a que, en una de ésas, se te queden los pies pegados al suelo.

Que sí, que quizá no se limpie todas las semanas, que se podría fregar día sí y día también... pero la vida del estudiante es asíiiii. Y cuando papi y mami no están ahí para echar un cable como que no te importa que el polvo se acumule un poquitito. Y otro poquitito. Y otro y otro.

Lástima que tampoco importe ir cambiándolo todo de sitio y soltándolo de cualquier manera donde sea. Ups.

~ Piso caos encubierto: otro de los famosos. Es hermano de confussio y te hace creer que nunca encontrarás nada mejor. Es verdad que vuelve a haber platos en el fregadero pero, a simple vista, todo está limpio y ordenado. Puedes sentarte sin tener que quitar nada de ningún sitio. La mesa tiene sitio para tu café. Joder, ¡paraíso! Pues nooooooo. Porque en cuanto cruces el umbral de alguna habitación, la ropa te engullirá, y también los zapatos, y los bolsos, y, como nos descuidemos, hasta los céntimos que, agazapados, observan desde la mesilla de noche.

~ Piso utópico: el rarito. Ese Piso que se ve de casualidad, que huele a hogar y que, eh, también parece uno. El caos no desaparece por completo pero está en su justa medida, demostrando que, sí, los seres que viven ahí son humanos. Y, señor, qué gusto da que no haya un solo plato nunca. Que el único desorden que haya sea el que puede haber en cualquier casa.

Los rumores dicen que todo Piso utópico tiene un par de rehenes escondidos bajo el colchón y que ellos son los encargados de preservar el ambiente hogareño.


Y hasta aquí llega mi catálogo general, basado en experiencias propias y ajenas. ¿Qué, ya sabes dónde encaja Tu Piso?

Espero estar de vuelta de aquí a dos semanas pero en caso de no ser así, ¡Feliz Navidad a los masoquistas que han leído toda la entrada completa y también las anteriores!

Adiuuuuuus.




sábado, 11 de octubre de 2014

Prototipos universitarios

Hi! Sé que estaría genial empezar contando las peripecias que he hecho en este mes pero, ¿sabes qué te digo? Que está aún mejor hablar de la universidad y los especímenes que se esconden en ella. Yo incluída.

Así que infiltrémonos en ese mundo con el que muchos sueñan y otros tantos, una vez la pisan, tienen pesadillas.

 ¿Listos?

Realmente, para hablar de la universidad, lo primero que debemos hacer es hablar de la semana previa a ella. De ese momento en que COMPRENDES que vas a la UNIVERSIDAD. Sí, sí. Sabes de qué instante hablo. De ése tan capullo que aparece de pronto y te deja entre acojonado e ilusionado. Con cara de ‘que alguien me sacrifique’. O de ‘que alguien llame a mi mamá’. Es más, justo es la unión perfecta de estas dos caras la que todos llevamos ese famoso primer día.

Y nada, aquí estamos todos, o estuvimos, rodeados de desconocidos a los que miramos con miedo. JAJA. Porque debe ser que esto es la jungla y vamos a comernos entre nosotros o algo, ¿sabes? Ahá. Superada la fase de pánico inicial, aparece la fase de sentirse más solo que la una. Tranquilo, amigo, todos pasamos por ella. Todos menos… TACHÁN, el prototipo 1:

~ Ya Yo Conozco Gente De Antes: maldiiiiiito. Sí, , maldiiiito. Tú que has tenido la maravillosa suerte de tener colegas en clase, que no has sentido esas ganas de pasarte el día murmurando ‘hola, soy X’ para ver si en una de ésas alguien pica el anzuelo y te da algo de conversación. Tú, ojalá ardas un poco en el Infierno.

Este prototipo es el más sencillo de identificar. Salta a la vista desde el primer día. Sin embargo, para el resto vas a necesitar de tu mayor capacidad de observación y también que pase un poco el tiempo. Relax. Todos nos acabamos encasillando en alguna parte. Sin excepción.

Sobra decir que hay otro prototipo clave. Uno que nos ha perseguido y nos perseguirá por los siglos de los siglos. Y que, en fin, qué haríamos sin ellos.

 ~ Lo Sé Todo. Lo Pregunto Todo: oh, por favor. Ésos. ¡Ésos osados! Aparecen de pronto, sin venir a cuento. La primera vez te gusta creer que no significa nada, que se callarán, que fue casual pero… no es así. Intervendrán siempre. Hablarán siempre. Son los que los profesores SIEMPRE nombran. SIEMPRE alaban.

Y se dividen en dos peligrosas ramas:

 ~ Lo Sé Todo. Lo Pregunto Todo. Y Soy Gilipollas: AJÁ. El más extendido. Mi favorito. Este prototipo te alegrará los días si tienes un mínimo de sentido del humor porque estos especímenes tienen el don de decir justo lo necesario en el instante perfecto. Y no vale olvidarse de que es precisamente por eso por lo que tienen derecho a mirarte por encima del hombro, ¿eh? Porque, joder, son unos sabelotodos, unos pelotas, ¡lo dan todo por aprobar! ¿Estás insinuando que eso no les da derecho a creerse dioses? ¡Anda y que te den!

~ Lo Sé Todo. Lo Pregunto Todo. Pero Soy Humano: parece imposible, pero existen. Se camuflan entre los gilipollas, a veces, y son difíciles de reconocer, pero si buscamos concienzudamente, los encontraremos hundidos entre apuntes, dispuestos a echar un cable y, por supuesto, aún más dispuestos a dejarse ayudar de ser necesario. Porque a ellos no se les caen los anillos al admitir que se han perdido y necesitan indicaciones para reubicarse. Aplaudamos a este intelecto superior al que nos convendría acercarnos, tanto para contagiarnos de su sabiduría como de su modus operandi.

Y como en toda novela, todo ente tiene que tener su antagonista. El equilibrio debe aparecer en alguna parte. Y lo hace, cuidao’. Vaya que sí.

~ Me Los Toco A Dos Manos Like A Boss: OLÉ. O-LÉ. Suelen tener como una especie de terreno propio allá por las últimas filas. Están sin estar. Y los recuerdas más con birras en mano que con apuntes, ¡pero no pasa nada! Porque suelen ser, a pesar de todo, de lo mejorcito de las clases. Sea porque las amenizan o porque su pasotismo en la vida es como un virus que, durante un rato, te deja sedado.

 Pero looooooooco, relaja, que la cosa siiiigue. ¿O dónde te crees que encajamos mil más y yo? Keep reading! 

~ Finjo Que Atiendo. Y Apruebo: exaaaaacto. Táctica infalible. A esto hemos sucumbido todos. Las clases se nos vuelven interminables, sobre todo a las nueve de la mañana y a las dos de la tarde. Pensamos más en el revuelto que nos comeremos en el piso que en la teoría que hay en las diapositivas. ¡Pero no pasa nada! Porque, hasta que la suerte dicte lo contrario, nuestras neuronas estarán capacitadas para sacarnos adelante.

O algo así. Porque este amplio y diverso grupo, también tiene ramas, subgrupos… y, señor, evidentemente todos no pueden tener ángel.

~ Vivo Al Límite: atienden a cuenta gota. Tratan de cazar lo importante para completar la información en casa. Y de verdad que su plan es aprobar, pero no pasa nada si la cosa no sale como ellos esperan, ¡otra vez será! Acumulan notas entre el cuatro y el seis y, cuando alguna se sale del rango, hasta ellos fruncen el ceño, como si hubiera un error.

~ Organización. Concentración. Y Ea: el tiempo no los domina. Ellos dominan al tiempo. Dentro de este maravilloso grupo nos encontramos con profesionales de la organización. Algunos pasan horas con apuntes y otros apenas quince minutos, pero al final el truco sigue siendo el mismo: la concentración; están tan centrados en lo que leen que lo retienen como esponjas. Y así les va: compaginando los estudios con la vida social y las buenas siestas.

Y aunque así suele estar todo bien acotado. No puedo acabar esta entrada sin las guindas del pastel. Sin esos prototipos que todos intentamos definir de la forma menos cruel posible, pero que al final nos superan, sacándonos carcajadas a mansalva.

~ Mis Neuronas No Estaban Muertas Estaban De Parranda:no lo entiendo’. ‘¿Entonces dos más dos no siempre es cuatro?’. Blablablabla. Al contrario que los gilipollas, éstos no preguntan a sabiendas de que dejarán al resto a nivel subsuelo. Qué va. Lo hacen con toda su buena intención, porque son dudas SERIAS. Al menos para ellos. Porque lo cierto es que, cada vez que sueltan una perlita por sus bocas, ¿cuántos de nosotros no hemos entrecerrado los ojos, a la espera de un ‘QUE ES BROMAAA’? Pues eso.

~ ¿Raro? ¿Eso Se Come?: … bien. Intentamos no encasillarlos. Esos lados frikis que algunos poseemos tratan de sentir piedad por ellos, recordándose que frikis somos todos, que por que ellos lleven el letrero en letras fosforescentes eso no le da derecho a nadie a señalarlos con el dedo y a reírse en voz baja pero… en fin. Por tolerantes que seamos todos, tenemos que admitirnos que, en ocasiones, es tal su devoción y obsesión por todo ese mundo que, por mucho que intentemos sacarles conversación, si no se está en su onda, no se es nadie. Lástima.

~ Se Te Ha Caído Una Cara Entre Tanto Maquillaje: el grupo variopinto. Lo reconoces por la apariencia pero hasta ahí llegamos todos. Adiós al tópico de que todo este grupo está lleno de tontas. Los tiempos han cambiado, forastero. Puedes encontrarte con alguna enrollada, una realmente adorable, con otras que no dan palo y con otras que, la hostia, no bajan del nueve. Así que, en fin, si bien era divertido vivir con Barbies huecas, siento informarles de que ese tiempo ha pasado y ahora, Barbie, está peleando bien duro en la revancha.

Bueno, ¿y tú qué? ¿ya has encontrado tu grupo?

viernes, 3 de octubre de 2014

Arrancando motores

Si empezaste a leer esto creyendo que ibas a encontrarte con un porrón de sentimientos escupidos en pantalla, te has equivocado de sitio, colega.

Pero bueno, que me centre, ¡hola, hooooola! Aquí va el primer saludo con voz de retarded de una larga lista de hola’s. Ya que quizá y solo quizá vayas a dedicarte a leerme de aquí en adelante, como que no viene mal presentarme: soy Evs; y a partir de ahora, también seré esa subnormal profunda que por algún motivo random ha acabado viviendo sola a tomar por saco de su casa.

Que ése es justo el motivo por el que este blog existe. Y no, que noooo, no va a ser un diario virtual, tranqui. Pero sí una burla constante repleta de consejos nefastos que yo nunca tendré en cuenta pero a lo mejor tú sí. Porque te confesaré un secreto: cuando el humor negro, las idas de olla y la mala suerte se juntaron, salí yo.

Y nada, dicho esto, aquí te va la primera dosis. Que te aproveche. 

La cosa empezó allá por… septiembre. A principios. Más o menos en las fechas en los que todos empezamos algo, sean clases, sea el trabajo, o una aventura. Aquí hay al gusto de todos. Y puestos a contarlo bien, te diré que vaya mal augurio lo de llegar a Valencia y que esté cayendo el diluvio universal. Como para darse la vuelta y volverse corriendo a tu casa.

Pero don’t worry, my frieeeeeeeend. Al mal tiempo buena cara, o cara de perrete mojado. Porque la madre, salirte de tu pueblo con sol y llegar con lluvia no te da otra opción. Y ahí que con toda la lluviaza van y te dicen que aún te queda una hora de trayecto. Como si no hubieras tenido suficiente. 

En fin, que cuando tocas el piso, aunque te molaría socializar, acabas rebotando en el colchón cual cadáver. Cosa que seguirás repitiendo todos los días de tu vida, que nadie te engañe.

Y redoble de tambores porque, por favor, ¿cómo voy a terminar la entrada sin soltar una retahíla de consejos sobre cómo sobrevivir en un piso sin morir en el intento?

Lo primero de todo es que tu cuarto es tu morada, forastero. Lo único verdaderamente tuyo de ese piso. Porque el resto será tan asquerosamente compartido que llegará un momento en el que hasta te olvidarás de lo que en algún momento te pertenecía.

Buenovalequeno. Que no te olvidarás de lo que era tuyo, sobre todo si era comestible. Pero, eh, lo que intento decir es que no cuesta nada aportar un granito de arena a la comunidad pisera. No dejes las cosas como no te gustaría encontrarlas, just sayin!

Escribe la lista de la compra. Sé tu propio padre o madre. Escríbela y quédate con cada condenado ticket. Ahora eres un ser pobre que tiene que hacer balance de sus gastos para saber cuánto le queda ahorrado para algo más que no sea comer y pagar el alquiler.

Y, desde luego, lo más importante: borra las marcas; repito: eres pobre. POBRE. Una criatura indefensa en un piso que para colmo no se va a recoger ni ordenar solo, así que invierte bien. Más vale variedad alimenticia que tres tristes cosas en una nevera solo porque son de marca. Ojito cuidao’.

Y tú dirás: ¿y el resto? ¡El resto viene solo, loco! En situaciones de riesgo, el ser humano aprende a sobrevivir.

O algo así.